miércoles, 2 de julio de 2008

El Pajaro Enjaulado

Este cuento se lo escuché a Francois Vallaeys en el Teatro Británico hace 5 años. En aquel momento de crisis política y marchas universitarias, para un grupo de estudiantes como nosotros, fue más que una inspiración.

---Imagínense el Palacio del Rey de la India: mármol, piedras preciosas, oro... , Imagínense el cuarto más lindo del palacio del Rey de la India: todo bañado en oro. Imagínense en el centro del cuarto una jaula: también de oro; imagínense en esa jaula un pájaro: un pájaro multicolor; un pájaro que sabe hablar todos los idiomas del mundo; un pájaro muy sabio. Y esa ave era el único amigo del rey de la India.
Cada día después del concejo de ministros, el Rey viene a ver al ave y le cuenta todo: sus problemas políticos y sus problemas personales. Y el ave le da muy buenos consejos...
Y cada día el Rey le dice al ave:
“Oh, Ave Mía tú que eres mi único amigo, el único ser en quien puedo confiar, pídeme lo que quieras y te lo daré”...
Y cada día el pájaro contesta: “Oh Rey de la India gracias pero yo ya tengo de todo: me has dado una jaula de oro; cada día me dan la mejor comida; músicos y bailarines vienen a divertirme. Yo ya tengo de todo pero hay una sola cosa que, Oh Rey de la India, si tú dices que eres mi amigo, por favor dame la LIBERTAD!”- “¡Ah eso no! Nunca, te quedarás conmigo para siempre en esa jaula de oro a mi lado, total ¿no estás feliz? Ja! Cualquier pájaro quisiera estar en tu lugar”. Y cada día el Rey se va y el pájaro suspira.
Un día el Rey viene más temprano que de costumbre y le dice: “Tengo una buena noticia y una mala noticia para ti. La mala noticia es que vamos a estar alejados uno del otro por algún tiempo porque me voy de viaje; y la buena es que voy a tu tierra ¡la selva! Si quieres te puedo traer algo.”
“Oh no, gracias Rey de la India, porque yo ya tengo todo.
Pero me gustaría que vayas donde mis hermanos los pájaros multicolores en la selva y que les digas que estoy acá en tu castillo, en esa jaula de oro, que me tratas bien, que no se preocupen por mí; mándales mis saludos nomás.”
Bueno... el Rey se fue. Arregló sus asuntos políticos durante su viaje y después se internó en la selva.
Y ahí llegó a un lugar extraño. Había miles y miles de pájaros multicolores volando, por encima de los grandes árboles, de tronco blanco. Los pájaros cantaban en todos los idiomas del mundo a la vez.
Era un espectáculo fantástico incluso para el Rey de la India.
El Rey se quedó largo rato escuchando, mirando a los pájaros y finalmente se atrevió a hablar, dijo: “Soy el Rey de la India, en mi palacio tengo a uno de sus hermanos, lo trato muy bien, está en una jaula de oro y les manda saludos. Dice que no se preocupen por él”.
Y en ese mismo instante ¡¡SHOPP!! Cayó en el piso un pájaro muerto.
El rey cogió entre sus manos el cuerpo del pajarillo, caliente todavía pero sin vida. Se puso muy triste por el ave, pero inmediatamente una angustia le inundó el corazón. Su amigo, su ave, que le esperaba en casa podía sufrir, o estar sufriendo, la misma suerte por lo que dejó el cuerpo del pájaro al pie de un árbol, y decidió regresar, lo más rápido posible a palacio.
Al llegar, fue de frente al cuarto del ave y le contó todo, su viaje, la selva, los árboles blancos, los pájaros multicolores que volaban, lo lindo que era y también tuvo que contarle de ese pajarillo muerto a sus pies…
Y… en ese momento dio la vuelta a la jaula y también ¡Su único amigo estaba muerto en la jaula!
“¡Oh no puede ser, es un hechizo! Pero despierta, por favor, no me dejes, tú eres mi único amigo, ¡qué voy a hacer sin ti!” (...)
Pero nada... el cuerpo del pajarillo estaba en el piso de la jaula; el Rey abrió la puerta de la jaula de oro, sacó a su único amigo, su cuerpo pequeñito, caliente todavía pero sin vida.
Lo pegó a su pecho y se puso a llorar como solo un rey sabe hacer... y finalmente depositó el cuerpo de su único amigo al borde de la ventana para empezar a rezar.
En ese mismo instante ¡PUP! El pájaro se puso de pie y ¡flo plo plo plo plop! Se fue volando por la ventana abierta para pararse en un árbol, a cinco metros lejos del Rey de la India, -por si acaso-.
Desde ahí el pajarillo le dijo al del Rey de la India: “Oh Rey, no llores jeje ¿ya ves? estoy bien vivo, también está vivo mi hermano allá en la selva ¿sabes? Sencillamente me decía lo que tenía que hacer para recuperar mi libertad.
Oh, Rey de la India, no llores.
Míralo de esta forma: tú y yo hemos aprendido algo hoy. Tú has aprendido que un mensajero nunca sabe todos los mensajes que trae con él... y yo he aprendido que la libertad no es una flor que se pide… ¡la libertad en una flor QUE SE TOMA!”

Algunos cuentos son, algo así, como la columna vertebral de la narración oral y este, definitivamente, es uno de ellos por la trascendental importancia que tiene para un narrador el hecho de que, como hemos visto, el mensajero, el narrador, nunca es conciente del mensaje que lleva. Y es que el mensaje no está en la historia, está en quien la escucha, esperando que alguien lo saque del inconsciente al conciente reflexivo del oidor.